El Consejo Nacional de Confraternidades de
Pastores Evangélicos (CONACOPE), organización cristiana que tiene como
propósito promover el desarrollo y crecimiento de las confraternidades de
pastores evangélicos para de esa forma
exaltar el señorío de Cristo y extender su Reino a toda la nación, en ocasión
de celebrarse el 494 aniversario de la Reforma Protestante y en la fecha precisa
en que celebramos el Día Nacional Evangélico, hace un llamado a todos sectores
del país para aunar esfuerzo a los fines de detener el progresivo estado de
descomposición social que estamos viviendo.
Apelando a nuestro rol profético, atendiendo a nuestro llamado de dar
conocer los valores del Reino de Dios, llamamos la atención sobre la profunda
crisis de valores por la que atraviesa nuestro país.
La familia dominicana está viviendo una grave
crisis de valores y está amenazada en su integridad y progreso por
nuevos patrones de conducta que la están conduciendo al núcleo a la
inestabilidad y a la desintegración.
La
familia está afectada, además, por una cultura individualista que está
dando como resultado que una gran parte de los nacimientos se produzcan fuera del matrimonio. En casos los niños crecen y no conocen quiénes son sus padres. La crisis de la familia es una crisis
de la cultura. Es la degradación de valores que nos transmiten diversos
medios suturados de sexo y violencia.
EMBARAZOS DE
ADOLESCENTES
La familia está en crisis porque
vivimos en una sociedad enferma donde
una de cuatro adolescentes está en embarazada o es madres. El embarazo en nuestras niñas está alcanzando
niveles epidémicos. Esta grave situación sexual que está viviendo la
adolescencia dominicana ha sido calificada por las autoridades como un grave
problema de salud, incluso, de un nivel que está entorpeciendo la normal
actividad escolar.
Para salvar la familia si es que
queremos rescatar la sociedad, necesitamos enseñar lo que establece la Biblia
con respecto al sexo y a la totalidad de lo que es el hombre y la mujer.
Nuestros adolescentes
mas información por parte de la escuela, la familia, la comunidad y el
propio sistema de salud para que puedan preservarse hasta estar aptos para
formar una familia. Consideramos que esta alta tasa de
adolescentes embarazadas o madres, es un desafío de toda la sociedad, es un
fenómeno que no afectan a todos y que está vinculado a otros problemas como la
pobreza, la educación y la falta de
oportunidades para que la juventud desarrolle sus potencialidades.
Tenemos que
buscar la forma de hacer llegar la
información necesaria para que los adolescentes reorienten su conducta sexual;
de lo contrario, estamos produciendo una generación caótica, sin orden y sin
ningún sentido social y humano.
LA EDUCACIÓN
Los gobiernos dominicanos no han invertido suficientes recursos en educación y
ni siquiera han cumplido con la cantidad que establece la ley: 4% del
PIB a pesar de que la formación humana es una
herramienta clave para promover el desarrollo social, ya que puede ayudar a reducir los índices de
fertilidad, a mejorar los de salud, a hacer
más equilibrada la distribución del ingreso y a preparar a los ciudadanos para
que tengan una participación responsable
en la sociedad.
La República Dominicana, una nación con tanta
pobreza y desigualdad necesita una mayor inversión en educación para superar
estos males. Es una aspiración de la comunidad evangélica que alcancemos
una educación más integral, más coherente y mejor
apoyada por todos los estamentos que componen la sociedad. Es evidente que tenemos que invertir más para tener más y mejor
educación. Sin educación no hay desarrollo.
VIOLENCIA INSEGURIDAD
CIUDADANA
La seguridad social y la paz ciudadana en estos
momentos están seriamente amenazada por una ola de delincuencia que parece
incontrolable. La violencia se ha apoderado de la vida dominicana. Los niveles
de violencia que vivimos no son justificables, pero tampoco es un fenómeno
casual. Los salarios tan desiguales y desproporcionados son factores que
alientan la violencia. El dispendio y la irracionalidad en los gastos oficiales,
el manejo irresponsable de los recursos del Estado y el abandono de los
servicios fundamentales que garantizan la dignidad de las personas,
constituyen, junto al lenguaje y a la conducta y pose de muchos de nuestros
políticos y personajes públicos factores que alimentan la violencia en las
grandes mayoría que se sienten frustradas.
La
negación de oportunidades, las frustraciones y la desesperanza generan
desesperación y resentimientos sociales que se traducen en acciones violentas y
destructivas. Ahí en medio de esta situación se está incubando un violento, un
agresor, un antisocial. En ese sentido desde nuestras iglesias queremos
promover una cultura de paz, de armonía, de solidaridad y servicio. Queremos
articularnos desde diferentes espacios y con
la buena voluntad de diferentes sectores para producir mejores hombres y
mujeres que contribuyan a mejorar las condiciones de vida de nuestros conciudadanos.
Este estado de violencia se traduce en un grave
problema de inseguridad ciudadana. Las instituciones de garantizar el orden
social y la paz pública, carecen de la
capacidad necesaria para garantizar la protección a los ciudadanos, lo que nos
lleva al miedo colectivo, al sobresalto, a la sospecha permanente. Este estado
de inseguridad tiene un impacto sensible en la calidad de vida.
La palabra de Dios señala que la violencia es
el resultado de pasiones desordenadas, de la codicia y el egoísmo. Puesto que
el comportamiento colectivo es la extensión de la conducta personal de
individuos. Este diagnóstico es válido para toda la sociedad en general.
Es evidente que
el país tiene que sustituir el método represivo violento por programas sociales
enfocados hacia la prevención. El exterminio de presuntos delincuentes no ha
hecho disminuir la tasa de delitos y eso nos indica que es necesario cambiar
los métodos actuales.
La crisis que nos afecta no solo es de
carácter económico, su dimensión es mucho más amplia y acuciante. La crisis
real es la que se da en los barrios marginados, donde la promiscuidad y los vicios corrompen a la juventud y
estrechan el futuro de grandes comunidades de gente sin futuro que se hunde en
la miseria y la desesperanza.
Con más urgencia cada vez, la sociedad dominicana necesita que sus
autoridades asuman una actitud firme y decidida por el rescate de la seguridad
y el restablecimiento de nuestros mejores valores.
El país está necesitado de una política
integral de rescate de valores que involucre a todas sus autoridades, desde
municipales y policiales hasta las iglesias, clubes y juntas de vecinos.
No se puede tolerar más que cada vez
sean menos los espacios de paz y tranquilidad.
CONACOPE DESEA APORTAR
Tomando en cuenta que la situación crítica que vive
nuestro país nos afecta a todos, el Consejo Nacional de Confraternidades de
Pastores con presencia a través de la iglesias en la mayoría de los barrios de
nuestras principales ciudades y en todas
las provincias del país, que tiene la mejor disposición de seguir aportando a
la sociedad dominicana promoviendo valores a través de las congregaciones
cristianas.
Consideramos que
las acciones penales son necesarias, pero no suficientes para generar los cambios que necesitados para
reformar esta sociedad, por eso creemos que tenemos que trabajar de la mano de
todos los sectores de la sociedad para transformar los hombres y mujeres que
hay en nuestros país.
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